¿El caso paradigmático?: Sudáfrica, donde de 1 millón 400 mil ejemplares hacia 1910, hoy sólo existen menos de 60 mil. Los derrames de petróleo, por parte de los buques cargueros, se extienden por todo el globo. Las colonias más importantes de pingüinos en Nueva Zelanda, Sudáfrica, Australia, Oceania, Antártida y Argentina son víctimas de ellos. La presencia humana en los confines más escondidos del planeta han causado estragos. Lo peor de todo, según los especialistas, es que muchos de esos accidentes al ser aislados, no reciben notoriedad pública y tampoco son denunciados. No es necesario un gran derrame para causar la muerte de estos carismáticos animales. La contaminación crónica, producida por frecuentes descargas de hidrocarburos en pequeños volúmenes, es responsable de la mayor cantidad de petróleo vertido en el océano. De los cinco tipos de aves marinas de esa especie que hay en el país – pingüino de Magallanes, Papua, Penacho amarillo, Macaroni y Emperador- los primeros son los más afectados por los derrames accidentales y la contaminación crónica en el Mar Patagónico. Recién en 1998, durante la presidencia de Carlos Saúl Menem, se firmó la ordenanza 13/98 de “Rutas de buques que transportan hidrocarburos y sustancias nocivas líquidas en navegación marítima nacional”. Dicha ordenanza establecía que los buques naveguen a 20 millas naúticas de la profundidad de varadura. Por un lado se efectuó para disminuir el riesgo de que encallasen, pero la principal razón motivó el alejamiento para preservar las colonias de animales costeros. Sobre todo para evitar los posibles derrames. Sin embargo, la contaminación crónica continúa afectando la vida de los pingüinos magallánicos durante sus viajes de migración invernal hacia Brasil.
Pingüinos en peligro de extinción
¿El caso paradigmático?: Sudáfrica, donde de 1 millón 400 mil ejemplares hacia 1910, hoy sólo existen menos de 60 mil. Los derrames de petróleo, por parte de los buques cargueros, se extienden por todo el globo. Las colonias más importantes de pingüinos en Nueva Zelanda, Sudáfrica, Australia, Oceania, Antártida y Argentina son víctimas de ellos. La presencia humana en los confines más escondidos del planeta han causado estragos. Lo peor de todo, según los especialistas, es que muchos de esos accidentes al ser aislados, no reciben notoriedad pública y tampoco son denunciados. No es necesario un gran derrame para causar la muerte de estos carismáticos animales. La contaminación crónica, producida por frecuentes descargas de hidrocarburos en pequeños volúmenes, es responsable de la mayor cantidad de petróleo vertido en el océano. De los cinco tipos de aves marinas de esa especie que hay en el país – pingüino de Magallanes, Papua, Penacho amarillo, Macaroni y Emperador- los primeros son los más afectados por los derrames accidentales y la contaminación crónica en el Mar Patagónico. Recién en 1998, durante la presidencia de Carlos Saúl Menem, se firmó la ordenanza 13/98 de “Rutas de buques que transportan hidrocarburos y sustancias nocivas líquidas en navegación marítima nacional”. Dicha ordenanza establecía que los buques naveguen a 20 millas naúticas de la profundidad de varadura. Por un lado se efectuó para disminuir el riesgo de que encallasen, pero la principal razón motivó el alejamiento para preservar las colonias de animales costeros. Sobre todo para evitar los posibles derrames. Sin embargo, la contaminación crónica continúa afectando la vida de los pingüinos magallánicos durante sus viajes de migración invernal hacia Brasil.
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